Project Glass, el ambicioso proyecto de Google,
ha sido presentado a bombo y platillo y ofrece todo lo que se ha
reflejado en este breve relato. ¿Realidad o ficción? Sergey Brin tiene
claro que es una realidad tan tangible como que él mismo lució el primer prototipo
en un claro guiño que indicaba a los escépticos que no se trataba de
humo, sino de un producto real soportado por las altas esferas de la
compañía. La primera impresión personal al disfrutar del vídeo fue
¡guau! "quiero eso", pero una segunda vuelta en frío me hizo reflexionar
sobre los planes de Google: ¿realmente pasa el futuro por un producto
como Project Glass? y lo que es más importante, de ser así, ¿está el
mercado preparado para ello?
El hecho de que fuera el propio Brin el que apareciera equipando uno de los prototipos de las futuristas gafas
no es casual. Los que acumulen cierto escepticismo acerca de los
productos de Google verán el terreno abonado con la nueva apuesta de los
del gran buscador. Y es que los más críticos no permanecen ajenos a los
continuos proyectos nacidos en Googleplex que terminan en dique seco.
Uno que es usuario convencido de los productos de Mountain View recibe
con resignación las notificaciones de cierre de los diferentes servicios
que la marca va clausurando. Uno de ellos, especialmente doloroso, fue Google Wave,
una gran apuesta en la que los californianos invirtieron y perdieron
mucho, sobre todo en lo tocante a expectativas, y que acabó con la persiana bajada
sin más explicaciones. Y es inevitable pensar que Project Glass no será
otra de esas aventuras que acabarán acumulando polvo en el histórico de
"esa gran empresa de marketing", como despectivamente la calificaba Microsoft en una incisiva campaña de marketing contra Google Docs.
Pero vamos con el producto en sí: Project Glass es sin duda la
conjunción en un solo dispositivo de varias tecnologías ya existentes en
el mercado. La idea, sobre el papel, es buena: liberar al usuario de la
incómoda interacción con el móvil y centrar ésta en algo que nos
acompaña a todas horas: la vista. Porque sí, Project Glass no deja de
ser un periférico vitaminado de los smartphones. Aunque no han
trascendido los detalles técnicos que rodean al producto, podemos
deducir que se trata de un equipo dotado con una cámara de fotos,
micrófono con auriculares, y un proyector que muestra imágenes en la
parte trasera de los cristales. Los detalles son escasísimos y no queda
claro si el producto es autónomo de por sí o requiere de un smartphone
para estar operativo, aunque uno tiende a pensar en lo segundo.
La idea es buena y la ejecución a buen seguro que también lo será. Sin
embargo, ¿realmente está preparado el mercado para asumir un producto de
estas características? Oakley es otra de las marcas que se aventura en tan inciertas aguas,
pero con un enfoque mucho más prudente: "la gente es muy especial con
lo que se pone en la cara", afirmó con criterio Colin Baden, CEO de la
compañía. Pero volviendo a Google, además del desembolso económico del
hardware ¿cómo piensa el gigante californiano rentabilizar Project
Glass? ¿Va a inundar las gafas de los usuarios con publicidad
contextual? Los de Mountain View han corrido a mostrarnos cómo será el
futuro inminente, su último grito, aunque no queda claro si será
atronador o más bien... afónico.


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